Paul Michelle España Díaz 18 años
Abraham Alvaro Hernández 20 años
Juan Jaramillo Montes 19 años
Cristian Méndez de la Fuente 18 años
Decapitados por equivocación en Ciudad Lerdo, Durango.
16 de mayo de 2010
De acuerdo con los datos emitidos por el Consejo Nacional de Población (http://www.conapo.gob.mx/publicaciones/mortalidad/Mortalidadxcausas_80_07.pdf) en México, los hombres aumentaron su expectativa de vida de 64.0 a 73.1 años entre 1980 y 2010, mientras que las mujeres la aumentaron de 70.0 a 77.8 años en el mismo periodo.
Lo anterior no puede dejar de ser visto como una excelente noticia. Todos los esfuerzos que realiza una administración para prolongar la vida de sus habitantes debe ser difundida y celebrada. Y más, cuando la esperanza de vida obedece directamente a acciones de gobierno: El descenso en la tasa de mortalidad es consecuencia del control de las enfermedades transmisibles infecciosas.
El informe al que hago referencia, contiene además, datos preocupantes, a los que habré de referirme enseguida. Por un lado, se registra un descenso en la población escolar infantil (leáse deserción), lo cual, en un ejercicio de proyección, nos pronostica una disminución en las habilidades personales de próximas generaciones para incorporarse a un demandante y limitado mercado laboral y profesional. Esta circunstancia debería llamar a la acción a las autoridades.
Por otra parte, el documento citado elabora una división de la población por 7 segmentos de edad, para analizar las causas de mortandad que a cada una de ellas les incumbe. Y es en esta temática, donde quiero abordar el análisis objeto de esta nota.
El cuarto grupo etario, es el de los adolescentes y jóvenes entre 15 y 24 años y cito textualmente el documento:
Las dos primeras causas de muerte entre los adolescentes y jóvenes mexicanos, desde 1980 y hasta 2007 han sido las muertes por accidentes y lesiones intencionales: en 2007, 44.0 por ciento de las defunciones se debe a un accidente, principalmente de tráfico, y las lesiones intencionales son las causantes de 19.3 por ciento de las defunciones.
Con el estallamiento de la violencia que se vive actualmente en México, es previsible que el siguiente estudio de la CONAPO ubique a las lesiones intencionales muy próximas a los accidentes como causa de muerte y lo anterior debería también mover a las políticas públicas en esa dirección para evitarlo.
Empero, los sucesos recientes nos llevan a prever que ocurrirá exactamente lo contrario. El número de jóvenes de entre 15 y 24 años que han sucumbido ante las armas de fuego, se va incrementando de forma aterradora sin que se avisore una puesta en marcha de programas de acción destinados a su protección.
Las muertes de jóvenes han sido etiquetadas por las autoridades como ejecuciones, con la finalidad de vincularlos a organizaciones criminales, culparlos de su suerte y archivar las investigaciones, alentando con tales decisiones la impunidad de los grupos criminales que paso a paso se van empoderando con el respaldo oficial de las agencias del sistema penal y político.
El Genocidio tiene carta abierta y patente de corzo a lo largo y ancho de la República Mexicana. La esperanza de vida en determinadas regiones del país se está viendo notablemente reducida, provocando con ello subculturas desviadas que prefieren “un día de millonario a una vida de pobreza”. Fatalismo que involuntariamente está alcanzando a un sector de la juventud para quienes actividades anteriormente cotidianas como el ir a un Centro Comercial, a una fiesta, a un bar, etcétera, se han convertido en conductas de altísimo riesgo.
Torreón ha sido escenario de dos terribles masacres en bares donde han muerto más de 15 jóvenes que corresponden al cuarto grupo al que la CONAPO atribuye como principal causa de muerte los accidentes de tránsito. En ambas tragedias, no hay responsables investigados, detenidos ni sancionados.
Tampoco políticas de prevención.
Después de la última balacera sucedida el 15 de mayo de 2010 en la inauguración del Bar Juanas donde fallecieron 8 jóvenes, un grupo de asesinos interceptó una desvencijada camioneta conducida por 4 adolescentes oriundos de Gómez Palacio que tomaron la decisión de acudir a un bar de Torreón. Todos ellos, estudiantes del Cetis 88 y uno, incluso, Presidente de la Sociedad de Alumnos. Los sicarios los bajaron de su unidad, los torturaron y los decapitaron. Se dieron tiempo para dejar sus cabezas en el cofre de la camioneta y pintar una leyenda en el parabrisas. Por supuesto, no hay ningún responsable detenido.
Posiblemente, su dictamen de necropsia, en el apartado “CAUSAS DE LA MUERTE” dirá: MURIERON POR JOVENES. POR JUVENTUD.
domingo 16 de mayo de 2010
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