Y salían en ciertas épocas a cazar enemigos;
le llamaban la guerra florida.
La noche bocarriba
Julio Cortázar
El arquetipo de la violencia ritual exacerbeda ha golpeado brutalmente el timón de un barco que hace agua por todos lados: Crisis económica, sanitaria, de seguridad, de desarrollo y demás apocalípticos mensajes, han palidecido ante una decapitación de abultada pilosidad que envía un mensaje claro y funesto a la clase gobernante de nuestro País. Ni las muertes de jóvenes adolescentes, menores o infantes, han conmocionado tanto a la estructura gubernamental, como lo acontecido en el ya innolvidable Día del Maestro, donde las críticas al Sindicato más oprobioso de la historia, pasaron a último plano.
La instrucción de cerrar información, derivada de la falta de decisión de cómo enfrentar una situación desbordante, empujará a la autoridad a un callejón sin salida que socavará sin remedio su poca credibilidad y que lo llevará al despeñadero.
Los grandes cambios sociales, son resultado de las grandes crisis políticas y en México no debe ser la excepción. El evento, doloroso para unos, festín para otros, debe marcar el momento en que la sociedad deba organizarse a través de la información y de la exigencia pública de sus derechos, para evitar que tal acontecimiento, signifique la puerta al autoritarismo.
Los sentimientos agitados de nuestra sociedad, perderán la objetividad al demandar la instauración de la pena de muerte, cadena perpetua y la militarización total de nuestro país. Ante dicho escenario, la oposición con información.
Nadie, ciertamente, puede vanagloriarse con el estripotoso fracaso de una política gubernamental, porque tal tragedia nos arrastra a todos por completo. Vale más analizar y reflexionar sobre lo sucedido, para evitar el colapso que tenemos enfrente.
Los alcances del crimen organizado son de tal magnitud, que nos recuerdan los trágicos sucesos de nuestros hermanos colombianos, historia mil veces negada por nuestras autoridades que ahora han perdido a uno más de los suyos y en condiciones francamente deleznables.
La salida fácil de una autoridad sin rumbo, sería emular el caso al de un Muñoz Rocha a quien posiblemente, se le siga otorgando hoy en día, el status de desaparecido, pero jamás buscado.
Las consecuencias que se avizoran son alarmantes: estados de excepción, limitación de libertades e injerencia operativa de los Estados Unidos de América, acciones todas que bajo ninguna perspectiva devolverán la tranquilidad y la seguridad a nuestra sociedad, por el contrario, la espiral aumentará como lo profetizó en su momento en Embjador de dicha Nación en México, Carlos Pascual.
Así las cosas, la sociedad debe organizarse para primeramente, estar consciente de sus derechos y recordar que uno de ellos, es el de la información. Enseguida, para fortalecer los lazos comunitarios que esta brutal guerra está reventando y provocando el aislamiento y la pérdida de la solidaridad.
En los momentos de crisis como la actual, la responsabilidad de evitar una catástrofe reside en la sociedad; hagámosle saber a la clase dominante y a las organizaciones criminales que no queremos más sacrificios rituales; evitemos quedarnos callados, pues con el miedo sólo permitiremos ser esclavizados por otros depredadores. Rechazemos la actual política de confrontación directa que sólo está aportando muertes, muchas de ellas inocentes. Exijamos política a los políticos.
La fortaleza del crimen reside en la protección oficial y en el silencio de la sociedad.
Hablemos, expresemos, marchemos, dialoguemos. El discurso es nuestro. Y el tiempo también.
No al tzompantli de Calderón.
domingo 16 de mayo de 2010
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