domingo 14 de marzo de 2010

PREDICAR CON EL EJEMPLO

Los escándalos que atrajeron la nota la semana pasada, fueron las revelaciones realizadas por los hijos del supuesto célibe Marcial Maciel, fundador y fundidor de los Legionarios de Cristo, así como las revelaciones vertidas por el dirigente del partido político en el poder, César Nava y por el Secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, acerca de sus acuerdos secretos con el Partido Revolucionario Institucional.

Una y otra escena, ameritan un análisis ya no tanto de sus orígenes, sino más bien de sus consecuencias desde el punto de vista criminológico. El sociólogo Gabriel Tarde, afirmó en su tiempo, que todos los actos importantes de la vida, no son más que el resultado del ejemplo.

Las jerarquías religiosas, se han preocupado a lo largo de su existencia, de autoeregirse como el camino del bien, en forjarse una ideología y una argumentación sólida y de construir socialmente una imagen de beatitud y sacrificio, que pueda ser emulada por sus millones de fieles.

No obstante, debemos reconocer que tales jerarquías se encuentran integradas por seres humanos, con toda su cauda de defectos y virtudes. Lo que escandaliza y preocupa, es que en vez de reconocerlas y evitarlas, las encubren y las callan.

El caso de Marcial Maciel es una prueba de lo que un sujeto con una estructura criminal definida, puede lograr: Construir un imperio, obtener seguidores, cambiar identidades, ejercer un bisexualismo y abusar de menores, incluyendo a sus propios hijos. Su apoyo fueron las élites empresariales, ese grupo de familias en cuyas manos se juega el destino económico del país entero, las cuales, terminaron también siendo defraudadas en sus inyecciones económicas a la Congregación.

El punto no está en extender la sombra pérfida de Maciel a toda su obra, sino en conocer cómo en las élites del poder, los delitos se consideran pecatta minuta, se destruyen evidencias, se silencia a las víctimas y todo el aparato se moviliza en su favor.


Lo mismo sucede con la élite política: Un día se puede negar un acuerdo y al siguiente descubrirse su existencia; mentir no tiene castigo. La mentira se convierte en una herramienta del control político.

Ante tan condenables hechos, el sistema penal no interviene. Pero, si los mismos los realiza un particular, su destino será el viacrucis judicial. Moraleja: El poder implica impunidad. ¿Quién no querrá ser poderoso?


Por lo tanto, el crimen, la complicidad, la impunidad y la mentira, son las estrategias utilizadas por la clase dominante.

Mientras que la información, la reflexión y la acción, será la estrategia que usaremos esa parte de la sociedad que no queremos predicar con semejantes ejemplos.