domingo 14 de marzo de 2010

LOS MUERTOS DE OBAMA O DON'T WORRY MR. PRESIDENT

Cosas del destino o ascendencia kármica como quiera verse, el pasado 5 de marzo se celebró el 25 aniversario de la muerte de Enrique Camarena Salazar, oriundo de Mexicali y agente encubierto de la Agencia responsable del combate a las drogas en los Estados Unidos de América.

Su secuestro, realizado el 7 de febrero de 1985 y posterior ajusticiamiento, dieron lugar a uno de los momentos más algidos de las de por sí tensas relaciones entre México y el vecino del norte. Las investigaciones y especulaciones salpicaron hasta al entonces Secretario de Gobernación.

Tuvieron que pasar muchos meses y muchas reuniones, para que la tensión diplomática fuera disminuyendo. El arresto de Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo, fueron uno de los artíficies para tal efecto.

A 25 años de distancia, las cosas en México, en materia de violencia, se han recrudecido. En una superficie de 4,855 m2 y con una población superior al millón y medio, Ciudad Juárez se ha convertido en el auténtico waterloo tanto del Ejército como de la Policía Federal y de toda la estrategia del Gobierno Federal.

Ciudad Juárez se ha estremecido con el caso de los femenicidios, cuyos orígenes se establecen en el año de 1993; se ha estremecido con la reciente Masacre de Villas de Salvárcar, donde 15 jóvenes fueron arteramente acribillados y, justo cuando sus madres inician un periplo a la capital en busca de justicia, otro comando ejecuta a 6 personas en plena ceremonia luctuosa.

Ante la ola de violencia, tanto el Gobierno Federal como el local, han desarrollado planes emergentes de reacción, la mayoría de ellos enfilados a la militarización de los cuerpos policiales y a pesar de tales esfuerzos, Ciudad Juárez ha sido considerada la ciudad más violenta del mundo.

Hoy ha tocado correr la negra suerte de la muerte violenta a 3 peronas vinculadas con el Consulado General de los Estados Unidos. Ya hemos visto que los sicarios lo mismo matan a inocentes que a personas involucradas con actos delictivos.

La razón de esta última ejecución que toca un área sensible de los gobiernos mexicano y estadunidense, además de la obvia reacción del vecino del norte, arroja un mar de dudas sobre la intención de la acción criminal que se desarrolló en dos eventos separados. ¿Tiro de precisión, error o ajusticiamiento? Estas son tan sólo algunas de las líneas de investigación que habrán de seguirse a lo largo de estos días.

Sin embargo, también habría que asomarse al otro lado de la frontera, donde no se actúa eficazmente ni contra la demanda de droga ni contra el tráfico de armas. Son los ninis poderosos. La mayor parte de armas que ingresan a México son vendidas en Texas. El mayor número de inversiones en El Paso son de mexicanos que huyen de la violencia. Al final, la sociedad de consumo se impone con ganancias para los estadunidenses a pesar de que su vecino país se desangre. Tal circunstancia le permitiría justificar una invasión al estilo de las bases militares que tienen en Colombia. Y así podrían concursar millonarios contratos para que mercenarios como los de Blackwater se batan en una guerra con los temibles narcos mexicanos.

Los discuros de Obama son maravillosos. Pero estos 3 muertos, también son suyos. Es el resultado de practicar una guerra en su patio trasero.

Pero Mr. President no tendrá de que apurarse: En las próximas horas habrá muchos detenidos. Tenemos la seguridad de que estos 3 muertos, pesarán más en la agenda gubernamental de nuestro país que los más de 10 mil ejecutados en este holocausto y más que los 49 infantes incendiados en una guardería.

En México, Mr President, se hará justicia. Dont’ worry.