“Me gustaría comenzar una religión.
Ahí es donde está el dinero!”
L. Ron Hubbard
Fundador de la Cienciología
El secuestro del avión de la empresa aeroméxico que cubría la ruta entre Cancún y el Distrito federal, realizado por el boliviano Josmar Flores el pasado nueve de septiembre del dos mil nueve, dejó al descubierto diversos temas que motivan a un análisis: Por una parte, tenemos el hecho en sí y, por la otra, sus consecuencias.
Por cuanto al primero, debe decirse que el fanatismo religioso descansa en la falsa premisa del pensamiento único, que no admite la diversidad y entiende como adversario todo aquello que le disienta. La necesidad de la fe, está proporcionalmente relacionada con la desventuranza que ofrece la realidad. En la Edad Media, la Iglesia Católica se erigió como la única Institución capaz de proporcionar la esperanza de una vida mejor en el más allá, a los millones de excluídos sociales. Sin embargo, al paso de los siglos, su monopolio se fue resquebrajando.
Como reacción a ello, todos los adversarios fueron estigmatizados, pero ningún movimiento lo fue tanto como los musulmanes. Los resabios de la Guerra Santa de los Siglos VIII y IX, aún gravitan sobre el inconseciente colectivo, de algunas buenas conciencias occidentales.
El atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, revivió recientemente las críticas hacia el fanatismo religioso. Y en ese tenor, nuestro país fue sacudido durante algunas horas, por el reporte de un avión secuestrado, por parte de un individuo que exigía hablar con el titular del Ejecutivo Federal.
La sorpresa cazó a millones de mexicanos, muchos de los cuales esperaban escuchar reivindicaciones políticas que ocasionaran incluso la simpatía o al menos la empatía por el o los secuestradores. La demanda divina desilusionó y desinfló de pronto la boyante noticia.
Pero las cosecuencias son mayores: 1) Por un lado, el sentimiento de incredulidad por parte de los ciudadanos informados aún de aquéllos que no, sobrepasó con creces a la construcción mediática de una intervención exitosa que podría haber colocado a las autoridades, en un pedestal inmaculado por los siglos de los siglos. La desconfianza ciudadana – con o sin fundamento – es una llamada de alerta para la gobernabilidad. La falta de credibilidad se traduce en falta de legitimidad. 2) El fanatismo religioso, no es propio de el Medio Oriente. Las condiciones infrahumanas en que subsisten millones de compatriotas, son las condiciones perfectas para que cientos de mesías electrónicos, redentores, pastores y demás personajes, amparados en una libertad de culto y ante la indolente omisión gubernamental, enraícen odios, fomenten divisiones y alenten los excesos de la fe para su beneficio. Casos como el de Acteal, en Chiapas, son heridas abiertas de una lesión ocasionada siglos atrás por utilizar a la religión como un instrumento de control social. Hoy fue Josmar, pero mañana, los fatídicos sucesos de los Davidianos de Waco o de los integrantes de la Secta Suprema Verdad en Japón, volverán a sacudir las conciencias de
nuestra sociedad. Si el Estado asumiese su función reguladora y evitase que sus vacíos fueran llenados indebidamente, el fanatismo religioso sería una mera anécdota. ¿O acaso le conviene administrarlo para aparecer como ese Salvador que todos esperan?
domingo 20 de septiembre de 2009
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