viernes 19 de septiembre de 2008

La Tentación Autoritaria

El acto terrorista acaecido la noche del 15 de septiembre del 2008, en la Plaza Melchor Ocampo de la Ciudad de Morelia, Michoacán, entidad natal de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, deja varias lecturas:

a) La falla de los sistemas de inteligencia;

b) La nula capacidad de respuesta efectiva por pate del Estado;

c) La normalidad criminal y sus secuelas; y

d) El aprovechamiento del hecho para gestar la tentación autoriitaria.
a) La falla de los sistemas de inteligencia.

Inteligencia, desde el punto de vista de seguridad, es la actividad que consiste en la recolección, clasficación, explotación e interpretación de la información con el fin de generar escenarios anticipados para la adecuada toma de decisiones. Dicha tarea es propia – que no exclusiva – de los aparatos responsables del orden público. A partir de las labores de inteligencia, se puede establecer una planeación estratégica y en consecuencia, aplicar las tácticas operativas destinadas a producir o evitar un resultado. La falta de labores de inteligencia conducen a fracasos estrepitosos como aquél que sufrió el Gran Ejército Napoleónico en 1812, cuando fue derrotado no sólo por la estrategia seguida por el Zar Alejandro, si no por la falta de labores de información que le permitieran saber anticipadamente al General de Córcega que el severo invierno ruso podría, como lo hizo, diezmar su numeroso ejército, mismo que en Lituania, pasó de medio millón de efectivos a un escuálido pelotón de 30,000.

Hablando de batallas, la pretendida lucha contra el crimen organizado que dice librar el Gobierno Federal, desde el año 2000, ha fracasado precisamente en la planeación y en la estrategia de la misma, al demeritar la importancia que en ella tiene, el atacar de manera prioritaria los factores que alimentan a los grupos criminales: la amoral pobreza, la rústica educación y la corrupción campeante en nuestro País.

También ha mostrado un desdén hacia la información que inclusive pública, le habría permitido esbozar escenarios tan crueles como los que estamos viviendo, es decir, para nadie es un secreto que el alarmante número de enfrentamientos, ejecuciones, desapariciones y diversas acciones asociadas al crimen organizado que se han venido presentado en los últimos años, podría desembocar en eventos tan terribles como los que hemos vivido.

Los medios de comunicación han jugado un papel fundamental en su objetivo de informar a una sociedad atemorizada y escéptica ante la función estatal, pues gracias a ellos, se pudo conocer que diversas autoridades, tanto civiles y militares, días previos al 15 de septiembre, recibieron amenazas en el sentido de que se preparaban acciones letales con motivo de las fiestas patrias, por parte de los grupos delictivos ya harto conocidos y a pesar de ello, fueron omisas en acciones de salvaguarda de la población De confirmarse estas versiones, la investigación de los hechos deberían enfocarse a dos áreas: la primera e insoslayable, identificar plenamente y detener tanto a los autores intelectuales como materiales del atentado terrorista; en tanto que la segunda, políticamente irrenunciable, a fincar responsabilidad a aquéllas instancias que teniendo conocimiento de las amenazas, se abstuvieron de actuar de manera preventiva.

Esto es así, porque para cualquier ciudadano es un hecho notorio el nivel de violencia que se ha alcanzado en el país derivado de la lucha territorial por el dominio de las rutas del narcotráfico. En las últimas semanas, la sociedad de se ha impactado – aunque sea temporalmente – por los decapitados de Yucatán y los 24 ejectuados de Ocoyoacac, Estado de México, sin contar la dosis diaria de ejecutados en diferentes puntos de la Nación. Ahora, suponiendo que las autoridades cuenten con una información de mejor calidad que la de los medios de comunicación, bien podrían haber advertido que desde el sexenio de Vicente Fox, el estado de Michoacán se colocó como uno de los más violentos en cuanto a la disputa tanto del territorio como de los favopres de la protección oficial. Tan sólo en ese sexenio y, siguiendo siempre a las fuentes informativas abiertas nunca desmentidas, la mitad de las ejecuciones entre los años 2000 y 2006 tuvieron lugar en esa parte del terroritorio mexicano. Ahora, si la multiejecución de 24 personas en las proximidades a la capital del País, vinculaban de manera aparente a un grupo delictivo michoacano y las autoridades del estado recibieron información de que se presentarían actos de violencia en la celebración del grito conmemorativo de la independencia mexicana, lo más prudente habría sido suspender tales festividades, a pesar del costo político que ello implicara. Pero contrario a la lógica de la Seguridad, tal parece que las autoridades tanto civiles como militares optaron por actuar conforme a lo políticamente correcto: mantener la celebración, no establecer esquemas operativos de prevención y no alertar a la población, con los funestos resultados por todos conocidos.


Y de manera irónica, no puede pasarse por alto que una semanas antes de estos hechos, los Procuradores del País se reunieron de manera pomposa para delinear las acciones a tomar para combatir el delito de secuestro. Probablemente la próxima semana vuelvan a reunirse para delinear las acciones para combatir el narco terrorismo.


b) La nula capacidad de respuesta efectiva del Estado


De haber actuado con decisión los tres niveles de gobierno, 7 mexicanos inocentes estarían en estos momentos desarrollando normalmente sus actividades y más de 100 no estarían lesionados en la forma en como hoy lo padecen y miles, sino es que millones, no habrian aumentado su psicosis de inseguridad.

Pero a esta tragedia, se sumó de manera inmediata la pobre respuesta del Estado: Las máximas autoridades acudieron al lugar de los hechos más de 35 horas después de sucedidos. El 20 de agosto del 2008, en un terrible accidente de aviación acaecido en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, el Presidente Rodriguez Zapatero, acudió al lugar del siniestro a menos de doce horas de ocurrido. La respuesta inmediata y eficaz denotan al estadista, el aletargamiento y descontrol, a los pusilánimes.

El vacio de autoridad provocado por las dos granadas que explosionaron en la Plaza Melchor Ocampo, fueron llenados por discursos patrioteros y miles de anuncios televisivos y de radio, ensalzando la lucha contra el crimen. Además, se le endosó a la sociedad la obligación de denunciar a los partícipes del hecho, exhortándola fervientemente a participar en esta lucha, como si de la misma manera se le pidiera su opinión en los paquetes de reformas económicas y fiscales. El vacío que aun subsiste, pronto será llenado con sendas iniciativas de reformas al Código Penal Federal.

c) La normalidad criminal y sus secuelas.

Otro de los aspectos preocupantes de estos hechos, es la normalidad criminal que marcará a las futuras generaciones de mexicanos. Veáse que en este sexenio, que lleva poco más de dos años, más de tres mil personas han perdido la vida de manera violenta. La explicación de las autoridades es pueril y grosera: “se están matando entre ellos”. Esto significa que, al menos la actual administración ha apostado por el lasser faire laisser passe, el dejar hacer y dejar pasar, limitándose a presenciar como un simple espectador como el país se desangra en una lucha criminal motivada por la lucha por el capital. Tales declaraciones promueven la impunidad y fortalecen esos enfrentamientos, que de acuerdo a las leyes de darwin, permitirán a los grandes grupos criminales, deshacerse de sus elementos más débiles y reposicionarse, será como podar las ramas para que surgan nuevas mas largas y fuertes. Y contra ellas, el Estado habrá de doblegarse.

Pero además, el Estado no ha recapacitado en que, las generaciones más afectadas por la violencia son precisamente aquellas que viven en medio del terror causado por una mira equivocada en la forma de atender este fenómeno. ¿Quién se ha preocupado por los niños de Tijuana, Culiacán, Estado de México, Morelia, Ciudad Juárez (por mencionar solo algunos) que se están acostumbrando a estas dantescas escenas? Que nadie se sorprenda si en los próximos veinte años, volvemos a encontrarnos con asesinos en serie propios de la posguerra (Ed Gein, Peter Kürten, el Vampiro de Düsseldorf; Charles Manson, et al.) que vengan a ensombrecer aún más nuestro deteriorado panorama.

Tal situación ha ocurrido en otros países. Y a propósito de lo anterior, varias voces insisten en comparar la experiencia colombiana con lo que pasa en nuestro País, sin darse cuenta que desde hace años nuestra realidad superó por mucho la tragedia de ese país andino y que comparada con nuestra actualidad, aquélla se reduce a una mera anécdota. Pablo Escobar Gaviria perteneció a la generación de la violencia política de Colombia. Ahí pueden encontrarse sus orígenes. En México no hay un Pablo Escobar. Hay cientos de ellos y al paso que vamos se augura el nacimiento de más.


d) El aprovechamiento del hecho para gestar la tentación autoriitaria.

Pero si es ruín y reprobable hechos como los acontecidos en Morelia, lo es aún más que el grupo en el poder pretrenda utilizarlo como pretexto para incluir en el mismo discurso tanto a los criminales como a los disidentes, tentación autoritaria propia de los regímenes fascistas, émulos del reinado del terror francés o de un macarthismo trasnochado.

Esa peligrosa tentación, es quizá de mayor envargadura al reto que se tiene enfrente. Un gobierno en entredicho, débil, ilegítimo y sin rumbo, puede sucumbir no precisamente ante una acción criminal, sino ante sus propios aliados verde olivo que verán en esta coyontura, la oportunidad perfecta para hacerse del poder, ofreciéndose como la única alternativa para garantizar la Paz de la República. Que nadie se extrañe si en los siguientes días, los llamados al estado de excepción y de suspensión de garantías se mutiplican, para de esta manera consolidar por la vía del voto del miedo, el perverso eje azul y verde que harán de la tragedia de México, el pretexto perfecto para perpetuarse en el poder.

¿O habrá sido esta la razón para no actuar antes y prevenir la tragedia michoacana?

La desgracia de millones, será la fortuna de unos cuantos. Al tiempo.